DÍA 4 en el SANDS BEACH RESORT

Subida al poblado Los Ancones

Joan y Francis. Subida al poblado Los Ancones (Foto de Carlos García)

30.07.13

“El maratón no es un deporte para todo el mundo. Ocurre lo mismo con el oficio de escritor, que tampoco es para todo el mundo. Yo no me hice novelista porque alguien me lo pidiera o recomendara. Me hice novelista por iniciativa propia. Del mismo modo, uno no se hace corredor porque alguien se lo recomiende. En esencia, uno se hace corredor sin más.”

Haruki Murakami

Hoy tenemos 75 minutos de rodaje y nos hemos despertado con un vendaval que nos dificultará seguro algunos tramos de carrera. El entrenador de triatlón (primer lanzaroteño en el Ironman de Lanzarote) nos dice que es lo normal en la isla.

No me siento las piernas esta mañana. Encima no puedo ni tomarme un café, por lo que el sueño persiste. Me pongo a ver a los triatletas, que llevan ya un rato nadando. Al paso que voy me quedo dormido en el espigón antes de salir a correr.

Voy con Joan el primer tramo, dirección norte de la isla durante 15 minutos. La subida primera se nos hace dura, y sólo el bello paisaje palia nuestro inevitable incremento de pulsaciones. Ya que vamos jodidos físicamente, por lo menos que sea bonito de ver.

Llegamos al poblado y un poco después nos dejamos caer otra vez para parar a repostar en el minuto 30 en el Sands Beach. No hay mejunje que te quite el sufrimiento cuando estás para el “arrastre”, esa es la primera lectura que hacemos. Pero el parón de un minuto nos da oxígeno, me pongo los auriculares y me lanzo a buen ritmo hasta el final del paseo.

Sé que voy a sufrir en la vuelta con la corriente de aire que hace, así que intento coger buena cadencia para calentar las piernas. El electro latino acompaña cada zancada. Me encanta el jazz pero cuando voy solo prefiero correr con música más cañera. Me siento veloz, flotando, y por primera vez creo que el objetivo del maratón puede ser alcanzable. ¡Vamos a por las 3 horas!

No hay sorpresas a la vuelta. Me repito una y otra vez la meta del regreso, que es mantener el ritmo con fuerte viento en contra. Cuesta trabajo, como todo en esta vida, y al final, como cada día, una cosa nos lleva a la otra y acabo tumbado en la hamaca de la piscina leyendo a Murakami (De qué hablo cuando hablo de correr), en concreto uno de los pasajes en los que relata su fracaso en un maratón por falta de entrenamientos. Entonces decido cerrar el libro y pienso en mi frase favorita: “Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito” (Stephen R. Covey). Y mi hábito va a seguir siendo dar lo mejor de mí en cada una de las facetas que componen mi vida.

El cansancio nos obliga a dormir la siesta. Creo que ya no queda ningún valiente en el grupo que se la salte. Y después tenemos entrenamiento en el gimnasio con Alberto Lorrio, coordinador deportivo del Sands Beach Resort. Primero nos hace una introducción teórica sobre la importancia de entrenar el “CORE” (región lumbo-pelvica del cuerpo) de cara al maratón y en general para todos los deportes, y acto seguido comenzamos a hacer múltiples ejercicios en la esterilla, y después con la pelota. El balance de la sesión es 100% positivo, y creo que podría incluir un día a la semana estos ejercicios en mi entrenamiento.

Esta noche hemos decidido ir a cenar todo el grupo al Puerto Marinero. Una de las muchas cosas buenas que tiene el Reto Frankfurt y La Bolsa del Corredor es que lo más importante es disfrutar. Los valores como la amistad, la constancia, el esfuerzo y la búsqueda de la felicidad haciendo lo que más nos gusta, que es correr, son la esencia de este nutrido grupo de atletas de todos los niveles que persiguen alcanzar sueños de todas las magnitudes y tipologías.

Esto es lo que más me gusta de formar parte de esta experiencia única e inolvidable. Todo esto que nos está pasando a todo el equipo es la mejor medicina que podemos tener. No importa cómo, ni cuándo ni cuánto. Al final todos sonreímos cuando corremos. Nos contagiamos de positividad y mantenemos la fe en nuestras metas y en las personas que queremos. Y ese es el sentido verdadero de esta aventura que estamos viviendo.

La cena transcurre de manera agradable. Termino un delicioso solomillo al strogonoff y al rato regresamos al hotel. Me piden que lo incluya Carlos y David, y es que les parecía buena idea que entrara a la vuelta en un edificio que parecía como la biblioteca de Costa Teguise: El Club 55. No saben que en realidad es el mejor centro fisioterapia de la isla… así que les he pedido hora para que pasen a revisarse el chasis, veréis cómo rinden en los 8 miles de mañana…

Francis Campos Jareño

Entrenamiento del "CORE" con Alberto Lorrio.

Entrenamiento del “CORE” con Alberto Lorrio. (Foto de Carlos García)

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